Vins Aviñó Bodega Vilanova i la Geltrú Barcelona

5-3-2016

El pasado sábado 5 celebrar celebramos una cata muy especial. Una cata que había generado mucha expectación y, como se demostró desde el mismo inicio, era fundamentada. Optamos por un formato monográfico, con un solo elaborador, porque su labor ha trascendido más allá del Penedès y Cataluña. Vamos pues a la cata.

Tras la bienvenida y el convite a la participación de los asistentes, Josep Maria Albet inició la cata desgranando la historia de la familia. Su bisabuelo, vecino de Cubelles, se especializó en injertar viña. Un oficio altamente valorado debido a la necesidad que había para recuperar los cultivos después de la devastación de la filoxera. Un oficio que no dudó en describir como "cirugía vegetal", debido a la precisión que requiere. Posteriormente al injerto de unas viñas en Les Roquetes, el bisabuelo de José Maria Albet recibió otro encargo. En este caso en Sant Pau d'Ordal, en la Masía de Can Vendrell, una finca con 100 hectáreas de bosque y 110 de cultivo (principalmente vid y melocotón). Posteriormente al encargo de injertar la vid, su bisabuelo se quedó en calidad de colono. Empezaron cultivando 32 hectáreas de terreno. En 1936, al estallar la guerra, los señores se fueron, pero la familia Albet, así como los aparceros arrendados permanecieron.

Debido a la muerte del padre de José María, él tuvo que hacerse cargo de la bodega con sólo 18 años. Un hecho que, a pesar del peso de la responsabilidad, también le proporcionaría libertad para innovar. A finales de los 70, el Consejo Regulador de la DO Penedès recibió un encargo desde Dinamarca para elaborar vinos ecológicos. Este fue asumido por el joven José María, que vio una oportunidad también de romper el círculo vicioso de precios bajos. Así pues, con un Tempranillo con crianza comenzaría la aventura ecológica de Albet i Noya. Pero no sólo eso, la exportación representaría el 80% de la producción de la bodega, una cifra que no ha bajado desde entonces. La producción, que se inició con unas 5.000 botellas anuales, ha llegado a 1.000.000. Toda ecológica, tanto la de producción propia como la de los agricultores arrendatarios.

Paralelamente se ha realizado una labor constante de investigación, especialmente en la recuperación de variedades prefiloxéricas. La filoxera, recordó Albet, aunque se presente en nuestro entorno. Algo que sigue impidiendo poder plantar viñas nuevas con pie europeo. Actualmente se están realizando estudios sobre biodinámica para poder comprobar con una base científica qué efectos tienen estas técnicas.

Comenzaremos la cata con el Xarel·lo "Curiós". Un vino fermentado a baja temperatura para mantener los aromas iniciales. Ligero y con poca acidez, con unas notas de melocotón bien presentes.

Seguidamente pasaremos otro xarelo, el "Elfanio", nombre puesto en honor al campesino que trabajaba la viña donde crece la uva con el que se hace este vino. Tiene una crianza de 9 meses, en tres receptáculos diferentes: depósito de acero, barrica de acacia y huevos de cemento. Con notas de flor Blanca y de naranjo así como de pera. Más untuoso en boca y mineral.

Antes de pasar a la siguiente tanda de vinos, Albet defendió la opción de usar tapones de rosca para aquellos vinos pensados ​​para un consumo a corto plazo, especialmente los más afrutados.

Fue así como pasamos a probar el rosado "Curiosa". Principalmente hecho con Pinot Noir (80%), y complementado con Merlot y Balado. Bastante pálido, pues sólo tiene 3 horas de maceración con los hollejos. Fresco y con notas de jarabe, grosella y fresa.

Fue el turno entonces del espumoso NOSODOS. Este es un varietal de Xarel·lo que envejece muy bien en botella, sin ningún tipo de sulfitos añadidos. En la fermentación se emplean también levaduras naturales. Albet destacó que está elaborado con el "método ancestral". Se diferencia del método tradicional en que éste emplea el azúcar de la propia uva para la segunda fermentación. Un espumoso realmente particular, de burbuja muy fina y notas muy sutiles, propias de las largas crianzas de los "clásicos Penedès".

A continuación entraremos en la tanda final: los vinos tintos. El primero fue el Ocell de Foc, un coupage de Marselan, Caladoc y Arinarnoa. Hay que especificar que estas variedades son el resultado de cruzar Garnacha y Cabernet (Marselan), Garnacha y Malbec (Caladoc) y Cabernet y Tannat (Arinarnoa). Un vino que, a pesar de tener una crianza de 12 meses, conserva frescura y ligereza con notas especiadas.

Fue durante la exposición de este vino que Albet haga una digresión sobre los problemas de la vid respeto a la memoria reproductiva. Después de siglos de clonaciones (injertos), nos encontramos con que muchas viñas tienen dificultades para reproducirse sexualmente. Es por ello que cada año, conjuntamente con otros investigadores del mundo de la viticultura, Albet i Noya planta alrededor de 1.000 cepas buscando su resistencia pero también calidad para la elaboración del vino.

Entra entonces una de las "estrellas" de la bodega: La Milana. Este vino, elaborado a partir de las viñas de Can Milán de la Roca, es deudor de la esposa del señor Milán, la "Milana". Fue ella quien las trabajó. Un coupage de Caladoc, Tempranillo, Cabernet y Merlot, con 18 meses de envejecimiento en barrica de roble. Un vino más consistente que el anterior, redondo y voluminoso, pero también muy elegante y equilibrado, con una persistencia muy agradable.

Y cuando todo apuntaba hacia la conclusión de la cata, se produjo la sorpresa. Algo que habíamos propuesto con Josep Maria Albet pero mantuvimos en secreto hasta el último momento: una magnum del Reserva Martí de 1998 "Fénix". Efectivamente, un vino de 18 años! Os lo podríamos describir pues, ciertamente, fue maravilloso, pero preferimos concluir aquí las descripción y haceros dientecitos. Haber venido!

 

PS: ante la lista de espera que hubo, estamos valorando la posibilidad de repetir la cata.